GRANADA DESDE 1012 HASTA 1981

1977, de la volkgeist a la falsa patria

Hay quién lleva inventando sobre la grande, única y libre Andalucía que nos somete actualmente desde hace años, en una especie de paranoia derivada de un arrebato de volkegeist, que les lleva a un desvarío fabulador en el que se mezcla lo poco real con lo mucho imaginario nacido del desmedido aquelarre andalucista generador de símbolos falsarios y el exceso de furor guerrero del que algunos hacen expresa protestación, para acentuar su filiación inconsciente a aquello con lo que tan a gusto han vivido durante más de cuatro décadas de cargo en cargo.

En 1977, el 4 de diciembre, en un momento en el que la sociedad estaba deseosa de cambios y de participación por muy distintas razones, se celebró la manifestación en favor, dicen, de esta Andalucía, que aquí en Granada culminó con la llegada a Plaza Nueva. Pasa ahora con aquel acontecimiento como sucede con las sesiones de la Cofradía del Avellano en torno a Ángel Ganivet, a la que solo asistían realmente, dado el carácter del literato y pensador del Ideario Español, Fernández Miranda, el único y verdadero amigo del prócer pensador, Matías Méndez Vellido y Nicolás María López, “Antón del Sauce”, y éste, no siempre. A la manifestación de 1977 asistieron los que asistieron y nada más, pero no todos los que ahora se apuntan la conquista bética blanquiverde como adalides y representantes del Gambrinus de la Cruzcampo.

Y yo, como tantos otros, que vivía y vivo en el entorno de la céntrica plaza donde concluyó el evento, cuando vimos al paso llegar aquella marcha que se distribuyó entre los simbólicos lugares donde se yergue la historia de España y de Granada, entre la Real Chancillería y la Iglesia de Santa Ana, no sabíamos a qué se debía. Recuerdo ver a mi primo, que era por entonces muy activista, y cuando me dijo que “estaba pidiendo por la libertad de Andalucía, me quedé pensativo, porque no sabía ni a qué Andalucía se refería, ni a qué libertad vulnerada. Lógicamente, yo tenía apenas 13 años y no debí comprender la dimensión de aquello que celebraban, como tampoco podía identificar a algunos de aquellos que dicen que entonces ya estaban allí agitando el árbol de las nueces andalucistas y que todavía hoy siguen recogiendo los frutos blancos y verdes.

Fuera de lo expresivo de estas palabras, poco más fue la manifestación de 1977 por mucho que se empeñen año tras año en significar los gudaris del andalucismo pernicioso, que en mucho se vio potenciada con la muerte del estudiante Manuel Caparrós, en Málaga, que vino a cumplir con el principio de que <<toda causa necesita una víctima>>. ¡Pobre muchacho y pobre familia! Aún recuerdo a su hermana y a su madre llorando en televisión diciendo que su hijo no era político ni sabía qué hacía allí, cuando se instrumentalizó por los teóricos del autonomismo infame para construir la causa.

Fue tanto el uso y empleo de aquel acto ciudadano que poco a poco se fue transmutando hasta llegar a producirse el pucherazo de 1980, con la promulgación de dos leyes netamente inconstitucionales y a la creación de un falso estado artificioso llamado Andalucía que algunos tratan de elevar su nacimiento al tiempo del califato omeya, cuando lo real (VÉASE la descriptiva foto que acompaña este artículo de opinión, en el que se señala el nacimiento exacto de la historia de Andalucía).

Lo verdaderamente llamativo en estos días ha sido leer, conteniendo palabras, algún artículo sobre la una, grande y libre Andalucía generada para beneficio de unas élites y que, remitiéndome a los datos, a Granada, que nunca fue Andalucía, así lo juren por Javier de Burgos, solo le ha traído pobreza y demérito.

Un día aprendí que cada uno se cree lo que quiere creer, y anda que no es verdad. Sobre todo, cuando esa creencia viene acompañada con lentejas y mariscadas, siempre en favor de los mismos desde hace 40 años.

La única Andalucía en la historia que se puede reconocer es la actual, fruto de una deleznable descentralización política, que partió en diciembre de 1980 con el retorcimiento de las normas y la suplantación de la voluntad popular. Por el contrario, jugando con la misma baraja que los denodados charlatanes del andalucismo de salón, que ahora desvelan que mutaron la hemoglobina (roja), por la clorocruorina (verde), en una metamorfosis de lo humano a lo anélido, cabe afirmar que Granada sí es una realidad histórica y administrativa que aún permanece a pesar de toda la manipulación generada por el aparato propagandístico andaluz que ha pretendido aniquilarla.

Existió una Andalucía descrita forzadamente por el afrancesado Javier de Burgos en 1833 como la suma de ocho provincias, pero tal plasmación normativa, nunca tuvo traducción administrativa y menos aún política y estuvo vigente solo, a penas, una década, no existiendo norma alguna que la desarrollase. Sí que existe una Granada que nació como concepto, hoy histórico, en 1012, y se extendió como tal y con plasmación administrativa hasta 1981. Esa es la auténtica realidad que ahora quieren hacernos olvidar aquellos que en un exceso de volkgeist nos han conducido hasta esta falsa patria que tanto demérito nos ha causado. Por lo qué no sé que hay que alardear de aquel acto de 1977 que después nos condujo a la senda de la perdición.

César Girón

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