Que no gane el olvido

Se ha iniciado un nuevo año, el 2021 de la era de Jesucristo; y lo ha hecho de un modo que muchos comienzan a añorar el terrible 2020, quizá más, porque como dijo Ernesto Sábato, “también podemos añorar nuestras equivocaciones”.


Resulta muy extraño que se vean con normalidad tantas cosas que no lo son y que nunca lo serán, ello es sin duda fruto de una política cuya acción está centrada exclusivamente en conducir al desconcierto y la confusión, para ocultar la cruda e inefable realidad que nos rodea. Los que así nos gobiernan olvidan que un siglo antes de Cristo Cicerón sentenciara diciendo que “el que sufre tiene memoria”.


En lo más cercano nuestro futuro es también poco prometedor. En el local, Granada seguirá discurriendo solo por la senda de la privación y el desatino. —2021 ha comenzado con ser la primera vez en la historia en que el pueblo de Granada no ha participado en la celebración de la Toma por la decisión de un gobierno municipal que solo hace gala de una anodina confusión en todo aquello relativo a la correcta gobernanza de la ciudad, que todos deseamos—.

Y en el próximo, en el de la autonomía, Granada seguirá siendo postergada adrede, a sabiendas, con aviesa intención. ¿Cómo si no se explica que la Junta de Andalucía se siente a cerrar la reforma de la Justicia Gratuita con los Colegios de Abogados de Sevilla y Málaga y no lo haga con el de Granada, el más importante de esta infame región artificial y el de la que es, teóricamente, ciudad capitalidad de la Justicia de la desmesurada autonomía alumbrada tras el pucherazo de 1980?

Ejemplos no faltan en estos 40 años desperdiciados en un proyecto en el que nos incluyeron sin consultarnos realmente; en un engendro que hubo que pergeñar sustituyendo manu militari lo que habían negado los ciudadanos; alterando resultados y arbitrando un proceso que avergonzó a sus propios gestores y que hoy día abochorna a otros muchos que tuvieron que ver algo en aquel turbio asunto del alumbramiento de las leyes, nulas, que lo posibilitaron.

Seremos muchos, cada vez más, los que demandaremos que en el instituido 28-F, nada hay que celebrar, sí que rememorar: el inicio de la senda de la perdición histórica de nuestra tierra. Con ello demostraremos una vez más que para una gran parte de la sociedad granadina el olvido no es una opción y que la acción contra el mismo es un modo de reparación histórica.

Y es que, aunque Pablo Picasso, malagueño, dijera aquello de “no viajes al pasado que duele”, ahora es más necesario que nunca hacerlo para evitar que, como concluye Fernando Aramburu en Patria, “al final gane el olvido”.

CÉSAR GIRÓN

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